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Textos P. Caffarel

 

 

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Eutrapelia

EUTRAPELIA. No es un nombre para cristianar el que os propongo, porque no es el de una santa, sino de una virtud. Esta palabra extra√Īa, en efecto, se desliza t√≠midamente en el cat√°logo de virtudes erigido por graves moralistas. Por la poca atenci√≥n que le con¬≠ceden, parece evidente que la eutrapelia no es ante los ojos de graves varones m√°s que una chiquilla ri¬≠sue√Īa, extraviada en una asamblea de reinas.
Pero vosotros no sois austeros moralistas, y por eso os invito a hacer una buena acogida a mi peque√Īa eutrapelia. Si lo dese√°is encontrar√©is informes sobre ella en la SUMA TEOLOGICA (11 a 11 ae. q. 168, a. 2.) de Santo Tom√°s.
Sin duda no todos frecuent√°is a Santo Tom√°s pero no ignor√°is, sin embargo, la eutrapelia aunque su nom¬≠bre culto os sea desconocido; la llam√°is sencillamente ¬ębuen humor¬Ľ. Pero, no olvid√©is que es una virtud y, por tanto, no omit√°is, en vuestros ex√°menes de con¬≠ciencia, interrogaros respecto a ella. Sin embargo su pr√°ctica es de una gran importancia en la vida social y, muy especialmente, en la vida de familia.
Hay muchas variedades del buen humor: el buen hu¬≠mor de la juventud, como superabundancia de vitali¬≠dad, el buen humor de los d√≠as hermosos, hijo del sol m√°s que de la virtud; el buen, humor ¬ęvisceral¬Ľ de los buenos temperamentos el buen humor, exuberante a veces, m√°s importuno que caritativo y tambi√©n cierto buen humor asc√©tico que se perece m√°s una mueca que a una sonrisa, si se mira de cerca: El buen humor cuyo elogio hacemos no es efecto de la salud, ni del tiempo, ni de las circunstancias. Tiene su origen en el centro del alma. Por otra parte, tiene matices variados: tan pronto discreto, aparece como una luz; sonriente, os arrastra consigo; conquistador, libra de la nostalgia; penetrante, calienta las tierras heladas. Pero es imposible definirlo. Movible como ciertos rostros, esca¬≠pa a quien quiere fijar sus rasgos.
No cre√°is que el buen humor sea la virtud de los inconscientes o de aquellos a quienes escapa lo serio de la vida, y el dolor humano. Reflexionad si no, si lo juzg√°is superficial, en las virtudes de las que es la se√Īal y el fruto.
Exige, ante todo, cualidades del esp√≠ritu: la inteli¬≠gencia de los verdaderos va1ores, que reh√ļsa hacer dramas con temas de opereta; la mirada optimista so¬≠bre los hombres y sobre la vida, realizando la verdad del proverbio ingl√©s: ¬ęcada nube tiene un forro de pla¬≠ta¬Ľ; y tambi√©n ese sentido del humor del que discernimos la nota discreta en muchos pl√°ticas de Cristo.
A√ļn m√°s que cualidades del esp√≠ritu, el buen humor supone numerosas virtudes: la fe y el amor a Dios que instauran la paz en los corazones, la confianza de un alma abandonada al se√Īor ¬ęComo el bast√≥n en la ma¬≠no del caminante¬Ľ. Mientras que el humor triste tra¬≠duce casi siempre una presencia de ego√≠smo o de or¬≠gullo, el buen humor es una victoria del olvido de s√≠. Pero es el evang√©lico amor al pr√≥jimo el que, m√°s que ninguna otro virtud, engendra, el buen humor, √©ste es a aqu√©l lo que la sonrisa al rostro. El buen humor es cortes√≠a del coraz√≥n.
Eutrapelia no es una virtud insignificante, pues tiene tras ella una ascendencia de grandes virtudes. Pero no es solamente lo que la precede, lo que justifica su importancia, es tambi√©n lo que ella opera. Tiene grande poderes. Para adquirir el dominio de s√≠, pocos medios son tan eficaces. Por un curioso retorno de influencia facilita la pr√°ctica de las virtudes de las que ella procede; sin ella todo es trabajoso, con ella todo se hace f√°cil. Fruto del amor y de la verdadera felicidad, en la familia, gracias a su poder de uni√≥n y reconciliaci√≥n. Y ciertamente, si no es cuesti√≥n, todos los d√≠as, de reconciliaci√≥n ‚Äď en el sentido estricto de la palabra ‚Äď hay a menudo ligeros descontentos que disipar. La eutrapelia hace este milagro. Y ante todo reconcilia los seres condigo mismo, primer tiempo de su reconciliaci√≥n con los dem√°s. Los reconcilia igualmente con la vida, con las humildes tareas y sus grandes deberes. Los que la practican ¬Ņno merecen la Bienaventuranza dirigida a los que laboran por la paz? ¬ęBienaventurados los pac√≠ficos, porque ellos ser√°n llamados hijos de Dios¬Ľ.
Si la eutrapelia reina en vuestro hogar, comunicará su tono tanto a las cosas como a las personas. . Las virtudes participarán de su gracia. La obra de la educación será más fácil y más eficaz. Durante toda su vida los hijos criados en su clima llevaran consigo un capital de equilibrio y de felicidad.
Espero que comprend√°is, por qu√© en las horas gra¬≠ves que vivimos no he titubeado en hablaros de una virtud que puede parecer ligera a los que no la han sopesado. Si practic√°is el ¬ędeber de sentarse¬Ľ del que os hablaba anteriormente, no dej√©is de interrogaros sobre la pr√°ctica del ¬ędeber del buen humor¬Ľ. Porque se trata de un deber. Se trata tambi√©n de une conquis¬≠ta: todo hombre posee sus g√©rmenes, pero no los des¬≠arrolla, sin un paciente esfuerzo. Practicarlo sin desfa¬≠llecer exige o veces un verdadero hero√≠smo. El buen humor es una ascesis, aunque parezca parad√≥jico. Pero una ascesis de la que no se quejar√°n los que os rodeen, lo que no ocurre con todos los ejercicios de peni¬≠tencia a juzgar por esta confidencia de un marido: ¬ęMi mujer lleva un cilicio, ¬°pero es a m√≠ a quien ara√Īa!¬Ľ

 

HENRI CAFFAREL. Sobre el amor y la gracia. Editorial EURAMERICA, p√°g. 141-144.


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